San Antonio de Areco

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San Antonio de Areco

A solo 100 km de la Ciudad de Buenos Aires, en el medio de la pampa húmeda, se encuentra uno de los pueblos más antiguos, tradicionales y característicos de la tierra del gaucho argentino. 

Un lugar ideal para disfrutar y relajarse.

San Antonio de Areco declarada “Capital Nacional de la Tradición” caracterizada por la vida del gaucho y sus costumbres. Fundado en 1730, conserva intacta su arquitectura colonial y su histórica atmosfera que invita a caminar por sus pintorescas calles empedradas, visitar talleres de artesanos que trabajan el cuero, la plata, el tejido, la cerámica o conocer una antigua pulpería. 

El pueblo ofrece la posibilidad de alojarse en pequeñas posadas ubicadas en casas históricas, estancias rurales, hosterías, hostels, casas con servicios. Y disfrutar de sus típicas parrillas y restaurantes donde saborear platos locales o probar el delicioso asado argentino. 

La noche Arequera propone visitar sus bares tradicionales, espectáculos de teatro, peñas folklóricas y espectáculos musicales en vivo. 

El visitante podrá adentrarse en la historia a través sus ocho museos que rescatan distintos aspectos de la vida del gaucho, de la identidad local, el arte y la cultura. 

A pocos minutos de San Antonio de Areco, se localizan los pequeños pueblos rurales de Villa Lía, Duggan y Vagues donde disfrutar del campo, la tranquilidad de una estancia o una cabalgata.

Museo Las Lilas en San Antonio de Areco

Orfebres de San Antonio de Areco: Mariano Draghi

San Antonio de Areco en Imágenes

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300 mil turistas en San Antonio de Areco

San Antonio de Areco recibió 300 mil turistas en 2013

300 mil turistas visitaron San Antonio de Areco durante 2014

 

El año cierra con muy buen saldo para el turismo arequero. Según los datos recolectados por la Dirección de Turismo de San Antonio de Areco, 292 mil turistas visitaron la localidad, declarada Capital Nacional de la Tradición, durante el presente año, significando un aumento de casi100 mil en relación a los datos del 2013.

 

Más de 90 mil turistas se alojaron en los distintos hoteles (con una oferta variada que va entre hostel, camping, bed and breakfast hasta hoteles y estancias de alta gama) y unas 192 mil personas arribaron a disfrutar el destino por el día. En cuanto al origen de los pasajeros: un 35% vinieron desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un 31% desde el Gran Buenos Aires y un 9 % llegaron desde el exterior del país (con gran presencia del público francés, alemán, norteamericano, inglés, italianos, españoles)

 

Durante el 2013 y 2014, la Dirección de Turismo ha tomado casi 2500 encuestas motivaciones a turistas. A la hora de responder a la pregunta ¿Qué actividades realizan en su estadía?, el 26% contesta que visita museos, el 19 % que come en restaurantes, el 15 % que realiza cabalgatas, el 8 % que hace recorrido de bares históricos, el 7.9 % que visita artesanos y el 6 % que participa en peñas folklóricas.

 

Cuando se los consulta por lo “mejor de Areco”, los turistas valoran fuertemente la conservación de la arquitectura y el patrimonio, la naturaleza y la costanera, la hospitalidad del arequero, la seguridad, los gauchos y la Tradición. El gran desarrollo del turismo arequero presenta en la actualidad una oferta turística con más de 60 alojamientos turísticos, 35 restaurantes y una diversa gama de servicios para los turistas: propuesta de días de campo, cabalgatas, y casas de té.

 

Con la inauguración, este año, del Centro Cultural y Museo de la Ciudad “Usina Vieja”, Areco cuenta con una importante propuesta cultural y patrimonial: El Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, el Centro de Interpretación Ferroviario de Vagues; así como una importante cantidad de museos privados: Museo Las Lilas, Museo de la Platería Draghi, Museo “El Rostro de las Pampas”, entre otros.

 

La Dirección de Turismo organizó durante todo el año una amplia oferta de actividades, gratuitas o de bajo costo, para el turista: Visitas guiadas (de Casco Histórico, de patrimonio funerario, de artesanos, de bares históricos), charlas de usos y costumbres con paisanos, fogones, espectáculos de mansedumbre, un carruaje turístico que permite conocer la ciudad desde otro enfoque.

 

La Oficina de Atención al Turista ha sido galardonada como “Accesible” en el marco de la implementación del programa de Accesibilidad Turística del Sistema Nacional de Calidad Turística del Ministerio de Turismo de la Nación. A su vez, el destino cuenta con tres hoteles y un museo privado galardonada como “Servicio Turístico Accesible”

 

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La Brava de Areco

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La Brava de Areco

 

“No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que te estoy contando),

ya te dije que el mundo es incontable”.

Mario Benedetti

 

  

LA BRAVA DE ARECO

 

 

Roderick David Stewart, desde lejos, le cantó un día:

 

 “Que el buen señor te acompañe, en cualquier camino en que te encuentres. Y que la luz y la felicidad te rodeen cuando estés lejos del hogar…  Por siempre joven, for ever young” 

                                          

 

 

 

NEW YORK CITY.  Miércoles 25 de septiembre de 2013. The Great White Way. Los carteles de neón trepaban por los edificios como escaleras multicolores al cielo.  El asfalto soportaba el tránsito interrumpido. La gente entretenida no se miraba a los ojos.  El sol testigo oculto.  Los lugareños ninguneaban a los famosos.  Los turistas fantaseaban con encontrarlos por casualidad. Las casas de alta costura esperaban el consumo masivo.  Cosas a cambio de dólares. Todo tenía su precio, o casi todo…

 

Por ahí caminaba Leticia.  Pollera beige al cuerpo, camisa liviana verde esmeralda, cartera al hombro y anteojos Jacky, de Ray Ban.  Perfume importado. Sus pies cansados estrenaban unos Michael Kors.  Con las manos sostenía bolsas con regalos que llevaría a Argentina. Con su estirpe irlandesa y una postura perfecta, se movía por Manhattan como pez en el agua. Atlética de cuerpo y curiosa de alma.  El inglés perfecto y los tantos viajes por el mundo, le daban la seguridad necesaria. 

 

En su estadía había recorrido todos los rincones de la ciudad, incluso cada terraza.  La velocidad con la que sucedían los hechos la afectaba tanto como su simultaneidad.

 

Cayendo la tarde, se permitió un descanso en un bar para escuchar jazz. 

 

Ese destino, bien elegido, era la antítesis del lugar donde se había criado.  Estaba tan lejano como su infancia añorada.  8.477 kilómetros de distancia la separaban del campo “La Gloria” de SAN ANTONIO DE ARECO.  Sí, la del río. La capital de las costumbres criollas, de los gauchos, de anticuarios, pulperías, carruajes y plateros.  

 

En ese mágico pasado, de tierra adentro, percibía en el aire el olor del monte de eucaliptos que cortinaba el lado más ventoso. Escuchaba los sonidos bien definidos: el de las ramas y los sembrados que se movían por las ráfagas, el de algún motor encendido por el gas oil, el cacareo de las gallinas, el de la puerta mosquitero que se cerraba, el quejido de las ruedas de la carretilla del viejo, el del agua que rebalsaba del molino, el llamado de su madre a comer, el de los pasos y hasta el de los suspiros, algunos quejosos por llevar un maletín pesado hasta la escuela rural y otros de placer por alcanzar la fresca del árbol preferido.

 

Las andanzas de niña, a diferencia de las de ese otoño nombrado, eran otras.  Saltaba la tranquera, “la de la lejos”, como la llamaba.  Descalza corría carreras por las huellas del camino de entrada, con chorizos de barro entre los dedos del pie. Agitaba sus brazos velozmente para ganarle al viento que, de frente, enlaciaba sus rulos dorados y alivianaba el ardor del sol en su piel. Escoltada por seis hermanos y tres perros, llegaba raudamente a la casa para escuchar la música que transmitía, por ondas de aire, alguna radio de frecuencia modulada.  Era la hora de luz eléctrica permitida al día. De todos, un intérprete inglés era su preferido. Lo adoraba.  Escribía las canciones como sonaban, para aprenderse la letra y luego cantarlas.

 

En “La gloria” nada era inmediato. Tenía tiempo para prever lo que seguía, de pensar la próxima acción.  La lentitud enfatizaba los sentidos.  Escuchar, Ver, Oír.  Sentir, Soñar, Vivir… Si algo le sobraba era paz, la de afuera y la de adentro.

 

Llegando a la adultez, las vueltas de la vida la apostaron en Buenos Aires.  Consiguió un trabajo digno que le permitió darse algunos gustos: Techo, ropa y comida.  Y por sobre todo, satisfacer su único vicio: viajar, viajar y viajar…

 

¡La Leti anda por Norteamérica! _ contaba don José, su papá orgulloso, a los vecinos. 

 

Faltando un día para regresar, lejos de sus pagos en la gran manzana, ella casi se había convertido en una neoyorkina más…

 

Emprendió el regreso hasta el hotel boutique donde estaba alojada.   Necesitaba descansar un poco.  Bajar un cambio.   Así y todo, esta Sarah Key remixada caminaba elegante. Iba compenetrada en sus pensamientos, haciendo un recuento de lo pasado y lo pendiente.  Esa abstracción traicionera le jugó una mala pisada.  ¡Siiii!  Una mala pisada.  No le permitió ver la elevación tramposa que asomaba en la vereda, que traicionera trabó su taco, el derecho. 

 

Fue aguerrido el tirón que la sacudió quitándole el equilibrio, destartalándola para todos lados.  Como en cámara lenta las luces de neón amenguaron su centelleo, los sonidos de los autos se callaron, el murmullo desapareció y el escenario callejero se transformó en una pista, no precisamente de baile... Empezó a revolear los brazos por el aire como queriendo domar a un potro salvaje. Con la melena descontrolada, acompañaba el movimiento de las bolsas que salieron eyectadas.

 

A punto de aterrizar estaba, con los flaps en posición, cuando sintió que alguien la sostenía y la levantaba como una grúa del brazo, evitándole el papelón de caer con toda su existencia desparramada sobre el duro suelo.  ¡No era Spiderman!

 

Era un hombre muy loockeado.  Peinado a la bartola y teñido rubio claro.  Tenía una cadena dorada al cuello y asomada una camisa blanca debajo de un blazer gris.  Sujetaba su hombría un pantalón chupín. ¡Se parecía muchísimo al cantante del poster que conservaba en su baúl!  ¡No podía ser!  Fijó mejor su vista en él. ¡Y sí, estaba viendo bien!  ¡No lo podía creer!   Roderick David “ROD” STEWART, su preferido del campo, el inglés que le cantó un día, estaba parado pegadito frente a ella.  En persona, en vivo y en directo. 

 

Tragó saliva.  Sonrió nerviosa varias veces.  Sintió la sangre correr por cada vena de su cuerpo.  La vergüenza le subió como escalofrío desde el dedo gordo del pie hasta el último de sus pelos. 

 

Como en una encrucijada, la Porteña en Nueva York y la Paisana de Areco, no supo qué hacer en ese momento: 

a) Agradecerle educadamente, ó

b) Contarle su admiración...Chantarle un beso… Abrazarlo como un oso…Sacarle un autógrafo (para llevarle a sus hermanas)…o tomarse ambos una foto para twitearla...   

 

I´m dreaming, I´m dreaming… pensaba.

 

Tomó aire. Lo exhaló. Sacudió sus hombros y acomodó su presencia. Él, aún, a su lado la miraba. Ella lo apuntó con sus ojos azules y moviendo suavemente sus labios, le agradeció el gesto con un tibio THANK YOU… Acto seguido, orientaron sus humanidades en direcciones opuestas y cada uno siguió su camino.

 

Anestesiada por el shock, avanzó varios metros.  Una campana sonó en su alma y le despertó el instinto salvaje de sus entrañas…  ¡Si se sabía de memoria todavía todos sus temas y había dedicado horas al estudio de su vida y obra!  Debía tomar el toro por las astas.   La ocasión lo ameritaba. Se detuvo.

 

La Leti de Areco giró su cuerpo como un tornado, de los bravos.  Se descalzó en la quinta avenida y zapatos en mano, tomó envión con su pecho hacia adelante y agitando los brazos: corrió… corrió… corrió como lo hacía en el camino de entrada al campo…en la gloria… con todas sus fuerzas…

 

Lo divisó a lo lejos. Y dando rienda suelta a los deseos de su auténtico corazón, le gritó:

 

RRRoooooooooDDD!!!!!!

 

Cosas que pasan… 

 

 

 

Descubrir y explorar lugares a menudo nos permite redescubrirnos y encontrarnos nuevamente con lo que un día fuimos…

 

 

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San Antonio de Areco, Buenos Aires

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San Antonio de Areco

 

 

 

A tan sólo 120 km de la capital de Buenos Aires se despliega la magnífica San Antonio de Areco.

Tierra de gauchos y colectividades, es el lugar ideal para reencontrarse con la tradición argentina.

Andrés Zepirovich nos mostró sus más mágicos rincones y todo el encanto por descubrir que tiene ese magnífico lugar 

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