El tranvía en Buenos Aires

Viajar y transportarse es inmemorial. Los hombres primitivos lo han hecho buscando nuevas oportunidades y emociones. En Turismo Tv también están aquellos recuerdos que nos traen hasta acá en la historia del Turismo

Transporte en Buenos Aires
Tranvías de Buenos Aires

Entre fines del siglo 19 y principios del siglo 20 las calles del viejo Buenos Aires eran surcadas, como medio de transporte público, por el "tranway",  tirado por una yunta de caballos y conducido por el "motorman" que, para anunciar su llegada, hacia escuchar su sonoro cornetín.

Dicen las malas lenguas que, en las paradas del tranway, siempre había algún galán que escrutaba la subida de alguna atrevida dama, solo para ver si, al subir mínimamente sus faldas, mostraba ruborosa su tobillo.

Pero, cuando la Gran Aldea se transformó en una pujante Ciudad, el progreso trajo el tremendo avance de la electricidad que modificó usos y costumbres. La iluminación callejera y domiciliaria, las fábricas y sus maquinarias y, entre tantas otras cosas, el tranvia que, desde ese momento pasó a ser el transporte público por exelencia.  Se fueron tendiendo los cables por donde correría el fluido eléctrico, se instalaron los rieles y sobre ellos se depositó a esos "hermosos carromatos" ( generalmente de color amarillo) con ruedas metálicas y el trole que llegaba hasta el cable electrificado y producía la energía necesaria para impulsar su andar, lento, chirriante, pero cómodo y familiar.

El primer tranvía que llegó a nuestro barrio, Caballito,  fue el 99. Iba desde el bajo porteño (entre Tucumán y Viamonte) hasta la Avenida Gaona y Segurola. Para poder franquear el ramal ferroviario que, como ya habíamos dicho, unía la Estación Caballito con Paternal, se habilitó unos de los primeros pasos a nivel, cuyas barreras estaban ubicadas en Parral y Chubut (hoy H. Pueyrredón y Angel Gallardo).

Otras lineas habituales en la zona, fueron la 86 (Villa Devoto-Plaza Mayo), que circulaba por Av.San Martín, Av.Diaz Velez y se introducía en el Centro por Bartolome Mitre, dejándonos a muchos de nosotros en nuestros empleos de comercio, bancos o seguros. Esos largos viajes permitían que se entrelazaran amistades, conversando ya sea de política o de futbol; o bien se tejieran romances que duraban lo que duraba el viaje o, en algunos casos, toda la vida.

Hubo muchas otras lineas que dejaron su impronta metálica y amarillenta por las calles del barrio ( la 94, la 95, la 84, la 89, etc.) pero todas ellas marcaron nuestras vidas con la nostalgia de tiempos mejores y seguramente mucho mas felices.

Muchos, como el que escribe, que estén próximos a cursar el 80 ciclo en la Universidad de la Vida, no olvidarán al guarda que vendía los boletos en la plataforma trasera y, mediante un cable, hacía sonar una campanilla para comunicar al conductor que debía detener o continuar la marcha, para el ascenso o descenso de pasajeros; ni al inspector (llamado peyorativamente, el "chancho") que cuando nadie lo esperaba, subía al tranvía y, con cara de pocos amigos, picaba los boletos de aquellos que lo tenían y retaba a quienes no lo habían sacado o lo hubieran perdido; ni a aquellos revoltosos chiquilines que, entre sus diabluras, esperaban la parada de un tranvía y en un descuido del guarda, tirando de la cuerda que lo sostenía, sacaban el trole de su contacto con el cable eléctrico y salían corriendo dejando al tranvía atascado hasta que se pudiera volver a conectarlo.

Que tiempos aquellos !!  Cuantos recuerdos !!  Solo nos queda por decir, así como lo gritaba el guarda:  Un pasito mas adelante.

Sobre el tema, quedan todavía muchos recuerdos por desgranar.  No podíamos olvidar, por ejemplo, al conductor que, ademas de controlar la correcta marcha del vehículo, debía vigilar que ningún transeúnte distraído fuera a cruzar la calle justo cuando el tranvía se acercaba;  ese era el momento en que, rápido de reflejos, soltaba el "miriñaque", que era una especie de pala enrejada ubicada al frente y abajo y levantaba al desprevenido salvándolo de una muerte segura.  Otra tarea que el conductor debía ejecutar, era la modificación y empalme del recorrido de las vías;  ello ocurría cuando el tranvía debía doblar pero los rieles estaban preparados para seguir derecho; en tal caso el "motorman" bajaba y mediante una barra de hierro afinada en la punta, ejercía presión sobre la vía y la corría hacia la dirección donde debía continuar. Todo esto, cuando en Buenos Aires había poco tránsito, era algo simple y se constituía en una graciosa estampa de la época, pero cuando sus calles se fueron abigarrando de muchos vehículos, entorpeció gravemente la circulación y el tranvía comenzó a desaparecer.

Pero en nuestro barrio hay una esquina que guarda, para los mas antiguos, la inmortal historia del tranvía, con sus ecos y sus amarillentas figuras.  En Av. Gaona y Rojas (donde hoy se levanta una elegante sede del Automóvil Club Argentino, predio que comparte con la Escuela Industrial Ing° Huergo)  funcionaba la estación centro-oeste de los tranvías.  Su entrada principal estaba ubicada en la citada esquina y otro acceso estaba en Añasco (hoy N. Repetto) entre Av. Gaona y Franklin. Allí los tranvías eran guardados por la noche, en horas que no circulaban, para su limpieza y reparación; allí también estaba la administración y oficina de recaudación, donde los guardas entregaban las planillas y el dinero del día, fruto de la venta de boletos.  Demás está decir que ese dinero no era mas que un montón de monedas; el costo del viaje era de entre 0,05 y 0,10 centavos !!   Justo enfrente, en la ochava que forman las Avenidas Gaona y San Martin, había un lugar destinado al descanso del personal (conductores y guardas) mientras esperaban la hora de tomar o reiniciar sus turnos. En ese recinto  también estaban los baños, nunca bien higienizados, de los que mejor no nos extenderemos porque resultaría bastante agresivo para los olfatos de todos los que en aquella época nos arriesgábamos a transitar por las cercanías.

Aunque hoy en la zona de Primera Junta, circula un tranvía de carácter turístico que, bueno es decir, provoca la alegría de grandes y chicos, los que todavía somos mas grandes nunca podremos olvidar a aquellos, los originales, que en su techo y a los costados llevaban publicidades de galletitas Manon, Emulsión de Scott, aceites Olavina y Ricoltore, vino Gargantini. etc.  

Bueno, ahora nos vamos porque sino vamos a perder el tranvía...., no lo escuchan ? Tilin, Tilin, viene el tranvía por San Martin.

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